PUYAZOS

Hoy más que nunca la fiesta brava mexicana demanda apoyo, difusión y propaganda positiva. Así lo sienten cronistas, empresarios, toreros, apoderados y otros personajes que están sumergidos en su mundo y/o viven de él. Sin embargo la insinuación es clara que hacia la fiesta brava que tenemos, padecemos y consumimos, y no a una mejor; sí, a una fiesta más canteada al público que aguanta todo y es quien paga. Una fiesta más honesta, más cabal, más derecha y ética y menos chapucera, menos amafiada, menos autocontrolada, menos sobreadministrada; menos hecha para los diestros extranjeros caprichosos, comodinos y abusivos y más diseñada, construida y orientada hacia esa clientela que cada tarde se aleja más y va dejando los escaños de los circos taurinos vacíos –La aún plaza más grande del mundo hace años que no se llena-. Si, una fiesta que camine más en dinámica lógica en la que la que el talento de los diestros marginados por el viciado sistema, puedan enfrentar y competir con los que figuran en tardes importantes y en carteles imaginativos y creativos que provoquen naturales rivalidades y ante toros con edad, trapío y enteros. Sí, apoyemos una fiesta en la que no haya enemigos disfrazados de taurinos; una fiesta en la que no se inclinen las autoridades ante los intereses absurdos e ilegítimos de apoderados y diestros, de “ganaderos” y empresarios.
Sí, hay que apoyar pero no a la fiesta que tenemos, si no a una en la que la bravura sea el distintivo de las ganaderías que se lidien y no ésta que padecemos en que reinan encierros, porque así les va bien a los coletas extranjeros y a los mexicanos que van a la sombra de aquellos, de mansedumbre probada, recia y clara; a una fiesta en la que cada tarde se ponga a prueba el talento de los actores para resolver y solucionar con arte la casta de los toros jugados, y no una en la que se torea muy bonito, estéticamente pero huérfana de emoción en donde los bóvidos pasan con borreguna nobleza asesinando la emoción, esa que solamente se puede surgir del drama nacido de la bravura, nunca de la mermada raza que muestran siempre los pupilos de las explotaciones tituladas como “bravas” y que tanto han gastado sus nombres en los carteles de todas o casi todas las ferias más populares de esta que aún llamamos patria.
Sí, apoyemos, difundamos y hablemos bien de una fiesta cabal, de hombría y honestidad.

Y viene al proyector de la mente Mario Moreno Reyes, el hombre, “Cantinflas”, el genio.
Su personaje tan abiertamente despreocupado de la vida, ingenuo algunas veces, de tanto desparpajo, ingenioso y dado al catre, contrastaba agudamente con la ceremoniocidad y seriedad de las historias de sus films extraordinariamente entramados y mejor dimensionados en cada escena.
Considerado el mejor torero bufo del mundo, ganadero además, y buen interprete del toreo serio, según quienes le vieron, ícono del cine mexicano, es un inspirador emblema y por su puesto un “hombre de toros” y un taurino de honda cultura. Hoy le rememoro por haberse cumplido años del natalicio el pasado sábado 12 del corriente.