PUYAZOS

En este país de publicistas-vendedores monstruosos, voraces y apocalípticos, de dúctiles e ingenuas sociedades de consumo, de una televisión astuta, que melosa y paulatinamente quiere convencer al pueblo que los tira patadas –futbolistas- son seres superiores de “otros planetas”, y lo peor, que el pueblo se lo comienza a creer, y de organismos y medios de comunicación que callan intencionalmente las hazañas de los auténticos héroes que formaron la patria, aún sobrevive el espectáculo taurino.

Plaza Monumental El Paseo “Fermín Rivera” de la romántica, misteriosa y bella ciudad de San Luís Potosí. Escoltada por el precioso y aromático “patio sevillano” sobre cuya corteza de lozas duras y finos azulejos plantaron suntuosos bronces Peraza y Joaquín Arias en formas de Armilla, Manolete, Rivera, Arruza y Garza, más los rostros del “Músico Poeta” y de García Lorca dando modo a un conjunto olvidado, arrumbado, desairado, basuriento y despreciado totalmente por la insensibilidad, incultura y desinterés de quienes deberían cuidarle como a una joya que es. Esta monumento al abandono otorgó la obertura al desánimo y dormilón ambiente que precedió a la función.

Viernes 25, día de San Luís Rey, la última de una feria muy corta estructurada con tres corridas nocturnas; todas en viernes y despejando el paseíllo a las ocho de la noche. Y último toro de la tarde y del ciclo: “Huasteco”, quemado con el hierro de Xajay; de buenos pesebres pero más bien modesto de trapío; entero, intacto su cuerno izquierdo y despuntado el derecho (me consta, pues dispongo de la cabeza de la bestia). Sergio Flores, ya con un auricular ganado a su primero, tercero de la función, intempestivamente, segundos antes de que se abriera la puerta de toriles, precipitadamente se fue a encajar de hinojos frente a tal portón para recibir al acotado adversario. Este, con certera puntería desatendió a la tardía indicación del engaño y prendió por debajo de la axila siniestra al diestro tlaxcalteca y como a un muñeco de trapo se lo llevó colgado en su brutal trayecto prácticamente hasta el tercio opuesto, soltándolo ya inconsciente y no sin antes haberle lanzado un derrote con el pitón derecho, el cual alcanzó su objetivo. Los cuadros resultaron dramáticos produciendo un escándalo de alarma entre la concurrencia y posteriormente dejándola muda de espanto. Algo severo se presintió de inmediato entre todos los presentes. Cuadrillas, matadores, mozos y demás personas que habitaban el callejón durante esta función, saltaron impulsivamente hacia el redondel para auxiliar en la medida de sus posibilidades al espada caído. Sin premuras fue conducido a la enfermería, mientras en el ambiente levitaba un silencio producto del dantesco accidente presenciado. Ahí, a lo largo de aproximadamente quince minutos, fue explorado Flores y enseguida se expandió por todo el espacio ya en candilejas, el llanto de la sirena de la ambulancia que lo trasladó al Hospital de la Beneficencia Española en donde, presto el quirófano, le intervinieron manos especializadas y profesionales.
En las desgracias taurinas se suelen “alinear” premoniciones y extrañezas. El denso y apagado ambiente en el sorteo, el infarto de un espectador de barreras de sol durante la función, un toro que por bárbaro descuido de los buñoleros salió de su departamento y recorrió todo el callejón causando pánico entre quienes estaban en éste, en el momento que un par de monosabios anunciaban en el escenario y con una manta la presentación de Andy Cartagena el 29 de septiembre en el anillo potosino, y finalmente la cornada a Flores que, sobre su “Atlas”, se sostiene la campaña taurina nacional.
Afortunadamente las heridas fueron un poco menos graves de lo que se creía.